El Horror

Poltergeist y los Remakes

Sección: Artículos

Poltergeist

Por: @Sergb__

Una pregunta es suficiente para el debate. O al menos lo más parecido a. Si bien el llamado remake no es exclusivo de una expresión artística ni de un género, pareciera que es en el cine de horror donde levanta más polémica y donde el rechazo se generaliza.

La validez de realizar la nueva versión de alguna película se topa con argumentos sólidos, tanto a favor como en contra Todos se reducen, principalmente, a gustos y razones. Porque hay de películas a películas. Algunas efímeras, pero también clásicos que no deberían ser tocados.

Mientras en la música un cover supone cierta curiosidad y desafío creativo, en el cine estos elementos se multiplican en complejidad. Naturalmente no es lo mismo re interpretar una canción de cinco minutos que una película de noventa.

A eso sumemos la esencia del género horror. Independientemente de que actualizar una historia implique la simpleza del traslado cronológico de los elementos que la componen, el cine de horror desarrolla atmósferas que le son casi exclusivas. Experiencias que no son concebibles con un rostro y voz diferentes. Al menos no para el fanático. Y es que pocos como ellos.

El entusiasta del horror se ubica entre los mejores. Consume, se mueve, investiga.

Su inquietud nunca se queda con primeras lecturas y ofertas comerciales. Y para su fortuna (o derivado de) el mercado y las ramificaciones son extensas. Subgéneros y trasvases que desembocan en algo nuevo y parecen nunca acabar.

La conjunción de estos principios sumado a factores socioculturales son dignos de una investigación más extensa. Ya Simon Reynolds documentó extraordinariamente parte de este fenómeno en su obra ‘Retromanía: La adicción del pop a su propio pasado’ (2012), donde identificaba una adoración sin sentido al revivalismo de la cultura pop. Algo que eventualmente habrá de agotar todas las fórmulas y recursos dejándonos en una especie de orfandad artística. Si bien Reynolds se enfoca a la música, el cine no está exento de este suceso. Menos el de género.

Lo expuesto hasta aquí da pistas: el remake de horror no es uno más. Conlleva pautas que lo convierten en una tarea difícil.

Por un lado el cine de horror creó personajes que en teoría son irrepetibles. Actualizarlos requiere dosis extra de imaginación. Las historias y protagonistas que en su momento marcaron a generaciones cumplieron esa cuota con éxito. Ciertos filmes, frases, personajes o simplemente escenas, poseen un arraigo, un apego emocional. ¿No va acaso todo el cine de eso? En otras palabras: el fan puede estar abierto a un remake, pero que no se metan con sus recuerdos, sus emociones. ¡Vaya contrariedad, vaya misión!

remakes

Podría sonar incluso como un reto de adaptación. Buscar nuevos caminos… No en Hollywood.

El cine de los Estados Unidos, no olvidemos, es LA industria. Las producciones deben poseer valores artísticos, claro (aunque no es regla), pero hasta el cine más independiente tiene que conocer con precisión el nicho al que debe dirigirse. Aquí entra la generación a la que están dirigidos los remakes de horror. Y también los remakes en general.

Una adolescencia con un poder adquisitivo diferente al que teníamos los que crecimos viendo a “Slimer” de Ghostbusters (Ivan Reitman, 1984). Y también con nuevos procesos cognitivos.

En las escuelas, primarias o secundarias, de esa generación Ghostbuster, las competencias de trompo o yo-yo acaparaban los recreos, según la temporada. O simplemente se platicaba. Hoy día es inconcebible que chicas y chicos no posean celular o perfil en alguna red social. La información corre a velocidad récord y con ello su aprendizaje y maduración; la Era de la inmediatez.

pinhead¿Cómo incrustar un nuevo “Pinhead” (Hellraiser, 1987) en el cine que ellos consumen? ¿Cómo actualizar a un Norman Bates (Psycho, 1960) sin que les resulte aburrido? ¿Cómo generar un miedo sin necesidad del sobresalto gratuito? Ante preguntas así, el noventa por ciento de las veces la industria opta por lo fácil y prefiere ofrecer un tratamiento acorde al modelo predominante: un dulce visual. Que toque los botones adecuados, con guiños hacia la problemática, deseos, carencias, etc, de esa generación. Porque eso sí, el “cine industria” tiene muy bien identificados sus mercados y conoce perfectamente sus fisuras afectivas. Esto no es nada nuevo, sin embargo, desmerece bastante al remake del cine de horror.

Aunado a esto, los factores económicos impiden que los grandes estudios quieran tomarse el tiempo necesario para desarrollar un proyecto. Nuevamente: la inmediatez. Aunque… ¿Los hay? ¿Hay historias inéditas que apunten a refrescar al género, a aportar algo? Por supuesto. Por ejemplos no terminaríamos, pero comen en otra mesa. Lejos de la maquinaria comercial. No es el cine que vemos normalmente en cartelera ni en el que los estudios ponen su dinero. O en todo caso, extraen el talento para realizar sus productos. Ahí está toda una camada de directores orientales realizando en inglés para comprobarlo. Por eso actualmente es casi imposible ver en la pantalla grande un cine de autor como digamos, el de Ben Wheatley (1972). El que tuerce las reglas. El que tiene metas que rebasan el aspecto monetario.

Esta compleja ecuación nos da como resultado el remake. El inevitable y comercial remake. Las variables existen, aunque no a simple vista y hay que buscarlas con ahínco. De ahí el ocio de renegarlo.

La pregunta que enciende el debate es: ¿Para qué un remake de Poltergeist (1982)? Las dudas saltan. Las obvias y las personales. ¿Es realmente necesario? ¿Por qué ése clásico y no otro filme? ¿Qué tanto lo respetarán? Cualquier razón, por muy buena o mala que sea, se topará ante algo que está fuera de nuestro control.

Las esperanzas, para quienes aún las guarden, recaen en el nombre detrás del proyecto, un tal Sam Raimi. Hace poco más de un año Raimi le soltó las riendas del remake de su gran obra (The Evil Dead, 1981) a un uruguayo desconocido, cuyo mérito fue un cortometraje que se volvió de culto (Ataque de pánico!, 2009). Fede Álvarez respondió la confianza con un tributo que respetó la esencia de aquella cinta y dio nueva vida a la historia. Gustos aparte, habrá que darle a Raimi el mismo beneficio para recrear el clásico de Tobe Hooper y Spielberg. Las condiciones son, al menos en el papel, idóneas.

Al final del día no es ni será el único. La fiebre del “Re” se alimenta cada vez más a fondo de las arcas del cine de horror. Filmes que creíamos no saldrían de la sombra de culto como I Spit on Your Grave (Meir Zarchi, 1978) o Silent Night, Deadly Night (Charles E. Sellier Jr, 1984) ya tuvieron su actualización. Imaginemos qué podemos esperar del resto. Hoy nos disgustamos ante la nueva versión de Poltergeist, en diez o quince años gritaremos blasfemias ante el remake de The Exorcist (William Friedkin, 1973). Mejor nos vamos haciendo a la idea de un mundo cíclico… O escribiendo nuestras propias historias.



Autor: sergb__

Experto en el cine de arte y cine de autor. Se dice “uncool” por pasar más tiempo en casa que en parrandas y con los amigos, creemos lo contrario, envidiamos todo el tiempo que aprovecha para ver películas, y no sólo de horror, sino de todo tipo.

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PUBLICADO

12 May 2014