El Horror

Not Quite Hollywood: La Herencia de Australia al Horror

not quite hollywood

Por: @Sergb__

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 Seguramente muchos no la leyeron u otros lo olvidaron, pero en el texto referente al Cuarenta Aniversario de Troma Entertainment se hizo mención a los primeros filmes de Peter Jackson y cómo ese cine (que no necesitaba apoyo de Troma porque sí tenía mercado en su país) es un fenómeno que merecía ser analizado aparte. Bueno, pues ese tema y sus confluencias tienen nombre y también un documental; hablamos del llamado “Ozploitation”, subgénero que es minuciosamente revisado en el documental Not Quite Hollywood: The Wild, Untold Story of Ozploitation!

 Es de llamar la atención como un joven neozelandés, es decir, de un país con una industria cinematográfica no precisamente célebre o productiva (al menos en aquel entonces), realizó filmes tan sorprendentes en su forma como Braindead (1992) o Bad Taste (1987). El origen, más allá de gustos e inquietudes de aquel primer Peter Jackson, está en la influencia de su país vecino, Australia. Para cuando Jackson realizó esos filmes, valga la redundancia, llenos de mal gusto y que a la postre le consiguieron el financiamiento de ideas más ambiciosas, la industria de cine Australiana ya había recorrido todo un camino de aprendizaje que hizo escuela no sólo en Oceanía, sino fuera de ella.

Y la influencia no se debe tanto a técnicas o historias inéditas (aunque sí hay un poco de ello), sino a la osadía y energía de hacer un cine de género que retratara la verdadera idiosincrasia de una nación y que, contradictoriamente, también mintiera sobre ello, y claro, de paso divirtiéndose y generando dinero. En otras palabras: cultura.

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 Not Quite Hollywood comienza contando los antecedentes de esa explosión creativa. Tal y como en los Estados Unidos, el final de la década de los sesenta y principios de los setenta se encontró con una generación que se oponía al sistema, con deseos de revelarse contra todo lo que oliera a guerra, represión, etc. Causas como el desarme nuclear o la despenalización del aborto dotaron a esa juventud de un espíritu liberador y un sentimiento de energía que los llevó a experimentar con todo lo que tuvieran a su alcance; sexo, drogas, desmanes, etc. Y es justo en esa coyuntura dónde se dan cuenta que hacía falto algo: un movimiento cultural propio. Expresiones artísticas que no tuvieran ninguna relación con la Sydney Opera House.

Es aquí donde un grupo de cineastas apoyados por un gobierno preocupado por su industria cinematográfica y que estaba urgido de dar otra cara al mundo que no fueran canguros y koalas, encuentran la vía para comenzar a realizar un cine que si bien aprovechaba los recursos y características de su país, no se apegaba al cliché que se tenía de los australianos en aquel entonces. Es decir, un cine de cierta forma contestatario o fuera del molde social y moral que existía.

 Naturalmente, el primer paso para establecer su código fue hacer parodias y un cine “picaresco”. La fórmula desnudos + comedia gamberra tuvo un éxito inmediato. ¿Quién no querría ver eso en pantalla?. Y la censura que existió hacia ciertos filmes cuando comenzaron a ser demasiado gráficos no hizo sino darles más publicidad; el cine australiano ya tenía un público cautivo. Mejor aún: sin diferencia de clases.

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En este sentir, cineastas como Tim Burstall, Bruce Beresford y Barry Humphries (que años después harían un cine “serio”) llevan eso al extremo con desnudos explícitos, coito a la mínima excusa y una estética muy atractiva, pero también llena de suciedad teniendo así un éxito que ni ellos mismos deseaban. Después de varios años de crecimiento y experimentación es justo en esta casi anarquía de producción (que obviamente continuaba siendo financiada porque vendía bien) que se comienza a rayar en la explotación de la mujer y donde, a pesar de que existía otra corriente de cine más convencional, cineastas como Terry Bourke, John D. Lamond y Richard Franklin (un alumno próspero de Hitchcock) ven una oportunidad de ser más profesionales realizando cine de género; de horror para ser exactos.

Con un tono y sexualidad ya establecidos, lo que ellos se preguntaron fue cómo hacer estas historias más interesantes para atrapar a un nuevo público. Títulos como Australia After Dark (1975) Night of Fear (1972) y Patrick (1978) lograron casi de forma involuntaria algo que le estaba haciendo falta a este cine: la internacionalización.

Un buen ejemplo de ello es la mencionada Patrick de Richard Franklin. El filme fue tan innovador en su momento que tuvo una secuela no autorizada nada menos que en otra industria con gran experiencia en el horror: la italiana. El título Patrick Vive Ancora (Mario Landi, 1980) significó todo un triunfo creativo para los australianos y una legitimación de que las cosas se estaban haciendo bien.

 Súbitamente casi toda la industria del cine en Australia ya estaba inundada de filmes de horror. Y se hacían no sólo en las grandes ciudades, sino también en las provincias más lejanas y aprovechando los escenarios naturales. Estas películas eran más interesantes, se veían mejor y resultaron totalmente adecuadas para una costumbre bien arraigada en los habitantes de un país lleno de espacio: los autocinemas.

Este rejuvenecido cine se exportó con éxito, lo que devino en toda una nueva generación de cineastas que comenzaron a experimentar con métodos realistas y argumentos más extremos. Qué tal si en vez de un asesino en el bosque, era la misma naturaleza la que se defendía de una pareja depredadora del ambiente (Long Weekend, 1978); si había una escena de ducha, por qué no sangre en vez de agua, o si alguien se tenía que colgar de un helicóptero, que en verdad se colgara en lo alto de la grúa (Thirst, 1979); si eras un cadáver carcomido por ratas, tenías que acostarte con verdaderas ratas (Night of Fear, 1972); si eras una mujer dando a luz a un bebé lobo para qué usar animatronics si puedes disfrazar un ratón de feto lobo (Howling III, 1987)… Estos directores eran extremos en sus filmaciones y corrían riesgos, sin embargo, la fama los avalaba. Siempre habría actores y actrices dispuestos al desnudo frontal, a prenderse fuego o, como se mencionó, a colgarse en lo alto de una viga sin protección alguna. Y ni hablar de los dobles y su desenfado para hacer básicamente cualquier ocurrencia del director. En resumen: momentos.

Este documental hace hincapié en ello. El cine de horror australiano tenía momentos, escenas memorables de las que todos hablaban. Y ello generó ruido fuera del continente y seguidores que no sólo lo consumían, sino lo imitaban como el caso italiano.

Mejor aún, estrellas de Hollywood como Jamie Lee Curtis, Dennis Hopper y Stacy Keach aterrizaron en Australia para trabajar en su cine con el fin de venderse mejor en los Estados Unidos, pero también atraídos por este fenómeno del que se hablaba, ser parte del llamado Ozploitation. Aquí fue dónde Australia tocó el techo con su cine de horror, películas como Dark Age (Arch Nicholson, 1987) o la über estilizada Next of Kin (Tony Williams, 1982) hoy son referencia obligada para cualquier cineasta que quiera tocar el tema de animales asesinos o misterios psiquiátricos.

 Independientemente de la mucha o poca originalidad de este cine de horror, lo interesante era lo prolífico y osado que fue. Siempre inventando historias, innovando y cada año produciendo más películas. Not Quite Hollywood se toma el tiempo para describir la línea cronológica y trascendencia de cómo éste género fue un verdadero detonante en el crecimiento del cine en Australia y parte de lo que paralelamente se conoció como High Octane Disasters y su versión de los Kung Fu Films, acción pura y desenfrenada que tuvo verdaderos exponentes mundiales en películas como Mad Max (George Miller, 1979) o Mad Dog Morgan (Philippe Mora, 1976) y que exportó estrellas como Mel Gibson.

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 Tal vez muchos de estos títulos estén olvidados en la actualidad e incluso jamás han sido vistos por las nuevas generaciones. Pero Not Quite Hollywood es narrado con tal rigor informativo, claridad y humor que se convierte en un excelente documental, es más, imprescindible documento, para acercarse a ello y conocer la gran influencia que esta industria y sus directores tuvieron en un cine que hoy consumimos y en películas que ni nos imaginamos.

Títulos célebres como Saw (James Wan, 2004) o Wolf Creek (Greg McLean, 2005), tienen aquí sus raíces y no hubieran sido posibles sin que sus autores fueran expuestos al cine australiano de horror. Y ni qué decir de escenas clásicas de filmes de Quentin Tarantino como el personaje de The Bride y su reflejo de escupir cuando está en coma en Kill Bill (2003) o la neozelandesa (guiño guiño) Zoë Bell amarrada al frente de un auto a toda velocidad en Death Proof (2007), que más que homenajes, son verdaderas calcas de películas de la Ozploitation.

 PD: A su favor hemos de decir que Tarantino no lo esconde, de hecho es uno de los entrevistados que habla con más pasión y gusto en este documental.

 Trailer sin censura:



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Autor: sergb__

Experto en el cine de arte y cine de autor. Se dice “uncool” por pasar más tiempo en casa que en parrandas y con los amigos, creemos lo contrario, envidiamos todo el tiempo que aprovecha para ver películas, y no sólo de horror, sino de todo tipo.

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PUBLICADO

18 September 2014