El Horror

Las Brujas de Zugarramurdi, de Álex de la Iglesia

Sección: Reseñas, Trailers

Las Brujas de Zugarramurdi
Por: @Sergb__

Las Brujas de ZugarramurdiPor muy simple o digerible que parezca, filmes como Las Brujas de Zugarramurdi exigen cierta familiaridad con la obra de su director, Alex de la Iglesia, y, en menor medida con un cine que ha combinado la comedia con el horror en este caso, de forma exitosa y siendo transgresor en el proceso. Y es que si de transgredir la historia, la moral, normas, etc, hablamos, pocos cineastas lo han hecho con el exceso y, contradictoriamente, acierto que De la Iglesia.

Las Brujas de Zugarramurdi es ágil desde su sobresaliente secuencia inicial en la que unos pseudo artistas callejeros (estatuas humanas) asaltan una casa de empeño llevándose un botín que en su mayoría son anillos de compromiso. Una vez descubiertos, se desata una balacera en plena Puerta del sol (con víctimas) y posterior persecución sobre los ladrones.

En su cómicamente circunstancial huida llegan al pueblo de Zugarramurdi, donde unas brujas preparan un aquelarre en el que uno de ellos es pieza fundamental. En alusión a si mismo con una secuencia similar que ocurre en El Día de la Bestia (1995), De la Iglesia nos dirige de inmediato hacia el contexto de este filme. El humor negro como eje de una historia que, al igual que la anterior, no dará concesiones y hará de la subversión su modus narrativo.

Como si no fuera absurdo que un Jesucristo mal hablado y armado asalte una casa de empeño, la acción incluye a un Bob Esponja baleado, un soldadito de juguete y a su pequeño hijo, Sergio, un niño que con toda naturalidad (aunque sin comprensión) ayuda a su padre a asegurar el botín ante las críticas de los clientes que están sometidos en el suelo. El reclamo “hay que ser un cabrón para meter al niño en esto” se convierte, después de una explicación en la que su pelea por la custodia del hijo es la excusa, en una empatía por parte de algunos clientes quienes le dan la razón ante su propia situación.

Las Brujas de Zugarramurdi
Mismo caso para cuando toman de rehén a un taxista durante su huida. Después de la balacera son únicamente Cristo (Jose), su hijo Sergio y el soldado (Tony) los que logran escapar. Y ante los reclamos, las explicaciones, la confusión y un cómico intercambio de diálogos en los que concluyen que las mujeres de su vida son el origen de todos sus problemas, (“se cuentan todo”, dice incluso el pequeño Sergio) el taxista (Manuel) confraterniza con ellos, manda todo al diablo y se une a su causa.

¿Es entonces Las Brujas de Zugarramurdi un reclamo macho?

¿Un retrato del director a la supuesta condición de recelo de las mujeres? ¿Ese “nunca sé lo que quiero, pero siempre armo un lío de ello”? Ante la posible misoginia y la polémica que pudiera provocar, De la Iglesia ubica en el avance del relato una extrapolación muy interesante donde estos prejuicios se nivelan con los de un grupo de hombres que evidentemente son torpes y ciegos ante un mundo que no pueden comprender, el de la mujer. Pareciera pues, que más que huir de la justicia, ellos huyen de un dominio que es tal porque la convivencia (y entendimiento) en pareja les es ya imposible. Ante la superioridad de las mujeres en su vida, la ausencia. De ahí que cuando la madre de Sergio se entera de la situación y le llame por teléfono al desobligado padre, el identificador de llamadas muestre la leyenda “Armagedón”.

Las Brujas de ZugarramurdiA partir de aquí resulta muy divertido que estos hombres justo se vayan a topar con otro tipo de desastre bíblico que no son sino un grupo de mujeres (las brujas) que les ocasionarán una serie de problemas que saben a familiaridad, tanto a ellos como a nosotros como público. Por principio de cuentas es muy significativo que su botín sean anillos de bodas (un sacrilegio cargar con tantas promesas rotas, en palabras del mismo De la Iglesia) y por otro lado, que la maldición por ello sean una generación de brujas (abuela, madre, hija) y por partida doble: brujas verdaderas y también en sentido figurado ante la percepción de los hombres. “Su madre es una bruja”, había dicho Jose de la madre de Sergio ante los reclamos de los clientes en la casa de empeños. Ahora, con las de Zugarramurdi, las que sí lo son, la situación no cambia del todo, ellas desean utilizar a estos hombres para una ceremonia en la que su ancestro (otra mujer gigante de senos enormes y rostro semi cubierto), ha de ponderar al más pequeño como el “hombre que traicionará al hombre”. Nuestro “caballo de Troya”, pregona la bruja mayor. Es decir, estas mujeres piensan que han perdido una batalla ante el poder y desdén de los hombres (nótese la sustitución de una figura diabólica por una femenina a la que rinden culto así como las ilustraciones de figuras como Marlene Dietrich, Ana Bolena o Angela Merkel en los créditos iniciales), y ellos a su vez creen que es imposible convivir con el nuevo matriarcado. Una especie de lucha de sexos sin sentido, decorada, eso sí, por un gran humor y ambientación que incluye una serie de personajes con mucha gracia (los dos policías que siguen el caso y su “bromance” como metáfora de lo que vemos), el tétrico pueblo de Zugarramurdi por la noche y una mansión que sirve como pre fiesta a la gran ceremonia que ocurrirá en una cueva.

Con el sello que ha caracterizado a Alex de la Iglesia, haciendo un uso desmedido de su humor y referencias y que muchas críticas le ha ganado, esta cinta se siente como algo más personal del director, y por tanto, también más lograda. Siendo Vasco de nacimiento (Bilbao), licenciado en Filosofía, y con un divorcio medio reciente, es perceptible que en Las Brujas de Zugarramurdi, De la Iglesia introdujo una serie de influencias e historias que le han llegado desde su infancia y que comprende muy bien al grado de darle una vuelta de 360 grados a la leyenda (siendo fiel a algunos aspectos) y apropiarse del mito para realizar su película.

Al igual que el resto de su filmografía, el tercer acto puede resultar desbordante, pero aquí, debido las implicaciones finales, esta cinta es necesariamente caótica. Si Manuel, el taxista, manda todo al diablo ante una nueva sensación de libertad, Eva, la bruja más joven e inexperta ha de cerrar el círculo también ante un sentimiento que es nuevo para ella y prohibido en su especie: el amor. ¿Por qué un taxista deja atrás a su esposa e hijos en un momento determinado? ¿Por qué una bruja ha de amar a un mortal como Jose contra sus preceptos y familia cuando puede (y debe) estar en orgías llenas de excesos y aprovechándose de los hombres? La respuesta de Alex de la Iglesia es por demás irónica y nos invita a apreciar lo absurdo que puede ser este juego de poder. En una de esas, dejando la puerta abierta a la secuela.

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Autor: sergb__

Experto en el cine de arte y cine de autor. Se dice “uncool” por pasar más tiempo en casa que en parrandas y con los amigos, creemos lo contrario, envidiamos todo el tiempo que aprovecha para ver películas, y no sólo de horror, sino de todo tipo.

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PUBLICADO

21 October 2014