El Horror

Reseña y Trailer de La Isla Mínima, Cine Noir desde España

Sección: Reseñas, Trailers

La isla minima

Por: @Sergb__

La isla minimaEl inicio de La Isla Mínima es enigmático, y puede, si el espectador lo quiere ver así, tener un mensaje o ser más que un recurso estilístico: Imágenes combinadas con música (de misterio, por supuesto). Bellísimas tomas aéreas de las marismas de Guadalquivir, en Andalucía, España. Una interminable geometría llena de colores y formas que parecieran indescifrables. Si la vista aérea de esta zona es imponente, ¿cómo debe sentirse estar parado ahí abajo? Sofocación, tal vez, por la mezcla de climas y territorios, pantanos con pinceladas de desierto, o por ver hacia el horizonte y no encontrar un final ni una frontera. Este ambiente es el inmenso escenario en el que dos detectives deben investigar un par de desapariciones. Imaginemos entonces la adversidad. Llegar de la capital, Madrid, a un pueblo donde nadie te conoce y viceversa, donde no eres bienvenido. El hermetismo, a veces tétrico, que suele tener la provincia.

La obligación es hundir los pies en ese lugar. Literal y figuradamente. La obligación, una vez que las desapariciones dan paso al crimen, es atrapar a un asesino. Y tal como en las imágenes aéreas de la introducción, no hay formas claras ni indicios. Es difícil encontrar un punto por el cual comenzar. El pueblo y sus habitantes, ya con sus propios problemas como para desear meterse en los de unos extraños (a pesar de que investiguen algo que sí les concierne), no están dispuestos a colaborar. Incluso peor, algunos de ellos, sospechosos o no, pareciera que quieren obstaculizar la justicia. Aquí algo huele mal. Tenemos película. Y no menos complicados son los protagonistas.

Pedro (Raúl Arévalo) y Juan (Javier Gutiérrez) son dos detectives que fueron solicitados por el juez de esa localidad para indagar en esos extraños crímenes, pero no son un equipo. Distan mucho de serlo. De personalidades absolutamente opuestas y con una confianza ficticia entre ellos, Pedro y Juan están forzados a entenderse en sus diferencias, coordinarse para ser efectivos. Para complicar las pesquisas se agrega el mal momento personal que ambos atraviesan. Cada cual deberá, si pueden, hacer a un lado a esos demonios y actuar sobre una agenda común.

Hasta aquí y sin que haya transcurrido mucho tiempo, Alberto Rodríguez, director de La Isla Mínima, ya planteó varios de los clichés de rigor del cine policiaco, o nuevo cine noir, poniéndonos estrictos: Un crimen a resolver, el detective “anti-héroe” (de métodos y motivaciones inusuales), y un escenario adverso que entorpece la investigación. Pero no hay que confundir este convencionalismo con falta de originalidad. Su gran acierto es, en primera, no desbocarse en desarrollar una historia que hayamos visto cientos de veces antes, ni manipular al espectador con pistas falsas y giros forzados; y en segunda, utilizar estos elementos para exponer otro tipo de implicaciones. Particularmente la en aquel entonces (1980) tropezada lucha de un país por renovarse y dejar atrás una dictadura, más evidente aún en lugares como esta región del sur.

La otra virtud de Rodríguez es no dejar que esta “obsesión” del cine español consuma la cinta, y para ello cuenta, aquí sí como recurso estilístico, con un poblado que parece detenido en el tiempo y cuyas costumbres, mala economía, falta de trabajo, acontecimientos y detalles (nuevamente la religión muy presente) hablan por si solos de las vicisitudes del país en aquel año.

Mención aparte a su manufactura, resaltando las actuaciones, la edición y la fotografía como sus más poderosas herramientas. El virtuosismo de las tomas aéreas es trasladado a tierra en persecuciones logradísimas (particularmente una en auto en plena obscuridad) y con espacios muy sombríos o iluminados de acuerdo al momento de la historia, contradiciendo y apegándose a los cánones del cine negro, aunque la relación de esta cinta no ha sido tanto con aquella corriente, sino con una serie de televisión actual.

Si la La Isla Mínima ha sido constantemente comparada con la serie True Detective por sus diversos planteamientos, y en especial por los protagonistas y la relación que llevan, hay que resaltar que esta película le otorga un matiz nuevo al clásico “good cop/bad cop” con dos personajes (uno de ellos casi inescrutable, cine negro dixit) que no tienen ocho horas para desarrollarse, sino menos de 120 minutos, y que en esa duración se las arregla para administrar adecuadamente la información y pistas del crimen al tiempo que va aumentando la tensión y el misterio.

La isla minima

Cierto es que el aspecto rural, al igual que en True Detective, juega un rol importante, aunque aquí no hay implicaciones claras de ritos satánicos o algo por estilo, pero sí de gente poderosa, lo cual le favorece bastante para acrecentar el suspenso. O algunos podrán encontrar en Juan y Pedro una versión hispana de Marty y Rusty, una relación marcadamente áspera con complejos similares. Y ni hablar de los parecidos entre sus posters promocionales. La Isla Mínima, afortunadamente, tiene vida propia y se sobrepone con éxito a la comparación.

Es un thriller que no pretende únicamente resolver un crimen, sino presentar una serie de retratos que hablan sobre una comunidad aislada en un tiempo determinado. Una “época confusa y extraña”, en palabras del actor Raúl Arévalo. Sensación que es trasladada con elegancia y efectividad al relato. Y lo que es más trascendente, se vale brillantemente de un género para acentuar otro tipo de dilemas hacia su final.

Voluntariamente o no, el filme tiende una analogía de suma consideración. En la ficción tenemos una victoria desoladora en la que las raíces de un régimen son más fuertes de arrancar de lo que se creía, un futuro que a corto plazo no se veía tan promisorio. En la realidad, ese camino continúa con un país que a pesar de los arteros recortes presupuestales a la cultura, ha logrado que su industria cinematográfica se mantenga resonante. En este sentido, La Isla Mínima es el triunfo doble de un cine cuyas nuevas generaciones se apropian con osadía de géneros como este o el horror (recordemos apenas Musarañas) para contar las historias que importan y crear conciencia histórica con ello.

El Trailer de La Isla Mínima



Autor: sergb__

Experto en el cine de arte y cine de autor. Se dice “uncool” por pasar más tiempo en casa que en parrandas y con los amigos, creemos lo contrario, envidiamos todo el tiempo que aprovecha para ver películas, y no sólo de horror, sino de todo tipo.

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PUBLICADO

21 April 2015