El Horror

Reseña y Trailer de la desconocida Shelley, de Dinamarca

shelley

Por: @Sergb__

shelleySi bien los festivales de cine suelen ser una de las mejores plataformas (acaso la más) para dar a conocer una película, a veces también originan un buzz exagerado alrededor de algunas cintas y esto termina siendo contraproducente. Ya sea prestigio legítimo o pagado, se necesita de una propuesta en verdad sólida para estar a la altura de las expectativas.
A Shelley (2016), filme debut de Ali Abbasi, le bastó pasearse por certámenes como El Festival Internacional de Berlín y el Fantasía (Montreal) para ganarse cantidad de buenas críticas. Y por si ello fuera poco, su comparación con esa obra mayor que es Rosemary’s Baby (Roman Polanski, 1968), comenzando por la referencia directa y hasta su poster, lo pone en un sitio complicado, pues aún sin estreno comercial ya hay reputación que debe ser correspondida.

El filme, contradictoriamente, sale más que bien librado de la similitud (y carga) “Polanskiana” dando un tratamiento muy local al, subgénero si se quiere, del natal horror.

Sin ocultar, eso sí, la influencia, Abbasi se acoge a la misma estructura de Rosemary’s. Tenemos a Louise (Ellen Dorrit Petersen) y Kasper (Peter Christoffersen) una pareja −aquí no viejos− que cuida de la joven Elena (Cosmina Stratan), una empleada doméstica improvisada que ha llegado hasta lo más profundo de los campos Daneses para trabajar y vivir con ellos en una casona aislada de todas las comodidades de la vida moderna, como internet, televisión, radio, carne roja… vaya, ni siquiera electricidad, siendo un teléfono su única conexión con la civilización. La razón por la que ella recibe los cuidados de esta pareja y no viceversa si se supone que es su trabajo, es porque se embaraza al poco tiempo de su llegada, pero he ahí que Abbasi nos ofrece un primer giro para ir distinguiendo la propuesta.

El bebé que carga Elena es un favor a Louise, quien a pesar de padecer una extraña enfermedad semejante a la infertilidad, reservaba óvulos sanos en congelamiento para alguien que quisiera rentar su vientre. Elena acepta porque más allá de la amistad entre ambas, este sacrificio de 9 meses hará que regrese a su natal Turquía antes del tiempo estimado (un par de años para ahorrar, según sus cálculos) y con el dinero suficiente para un departamento y la educación del hijo que tiene allá.
Si desde sus primeros segundos (una introducción bien tétrica) Shelley se había manifestado como un thriller sobrenatural poniendo énfasis en los escenarios naturales y el siniestro pero tenue score (cortesía de Martin Dirkov), a partir del embarazo de Elena es que comienza a ser, ahora sí, una película que ya poco comparte con la obra de Polanski.
Sin perder la sobriedad que caracteriza la primera media hora, Abbasi introduce signos del body horror; drásticas transformaciones físicas, cambios de humor, sangrados, lesiones sin explicación, pesadillas, etc. Esto sumado a otros elementos como un chamán ciertamente tétrico, hacen que comencemos a cuestionar la dirección de la historia. ¿En verdad está sucediendo todo lo que vemos o son alucinaciones de Elena? Y sobre todo, dudar si el dichoso embarazo es el engendro de un mal u otra cosa. Con esos pocos planteamientos el director logra cambiar el sentido de una película que acertadamente se había tomado bastante tiempo en desarrollar a sus dos protagonistas. Primero creando el lazo afectivo que justifica que Elena, a pesar de ya haber pasado por un embarazo hace años, decida aventurarse de nuevo en ello, y claro, sin olvidar la recompensa monetaria. Y segundo, manipulando el misterio y trastocando la buena relación entre Elena y el matrimonio.

Si bien a partir de este punto la sensación general de paranoia pareciera conducir el relato hacia el lugar común, el guión de Abbasi y Maren Louise Käehne logra originalidad encauzando asuntos como hasta dónde es ética la práctica de rentar vientres con tal de conseguir la maternidad. Sin embargo, el filme jamás se avoca a ser una denuncia y en cambio incrementa así la intriga.
Como buena parte del horror Danés, la película economiza casi todo (exceptuando la duración) sin perder su condición ni el interés del espectador. El ritmo podrá ser lento, pero, repito, contagia la incertidumbre de saber qué está sucediendo con Elena y si acaso ella o él bebé son meros engranajes de una trama mayor por develarse. En ese sentido, las actuaciones resultan fundamentales. Regresando a la comparación con Rosemary’s Baby, la efectividad de aquel clásico recayó en buena medida en las grandes interpretaciones de Mia Farrow, Ruth Gordon y John Cassavetes. Aquí Petersen y Stratan hacen lo propio con una química genuina que se tuerce feamente a un estira y afloja cuando el embarazo comienza a ser peligroso para Elena, pero esencial para el estilo de vida que quiere esta pareja.

Es posible que una aproximación tan orgánica hacia un tema que Hollywood gusta de tratar con estridencia, no sea del agrado de todos. Y ni hablar de convertir la falta de respuestas en acierto, pero queda claro que la fama de Shelley está bien cimentada y merece la atención del público. Abbasi realizó un filme que prepondera las sutilezas. Y eso también es una virtud hoy en día.

El trailer de Shelley



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Autor: sergb__

Experto en el cine de arte y cine de autor. Se dice “uncool” por pasar más tiempo en casa que en parrandas y con los amigos, creemos lo contrario, envidiamos todo el tiempo que aprovecha para ver películas, y no sólo de horror, sino de todo tipo.

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PUBLICADO

30 August 2016