The Crown: Season 3 Review ‚Äď Noticias de la serie

Olivia Colman toma el trono. Todos aclaman a la reina.


Puntuación: 4.0 / 5.0

Es hora de los cambios. En el primer episodio de la tercera temporada de The Crown, una de las grandes preguntas de la reina Isabel II es precisamente un contrapunto entre lo moderno y lo clásico a través del arte. El problema aquí, además de lo obvio, no es el envejecimiento, no es el paso del tiempo, sino los puntos que deben valorarse en cada forma de arte, en cada movimiento que determina y consagra diferentes períodos históricos. El arte, en este caso, y estamos hablando literalmente de pinturas, es la metáfora de la transición misma que establece el tono para la tercera temporada.

El per√≠odo ‚Äúcl√°sico‚ÄĚ de la serie, consagrado en la mente del espectador a trav√©s de Claire Foy y Matt Smith, deja la imagen; en su lugar, Olivia Colman y Tobias Menzies. Son nuevas figuras de realeza, nuevas caras que la audiencia ver√° durante los pr√≥ximos episodios, esta y la pr√≥xima temporada. Pero los principios, lo que est√° en juego y c√≥mo est√° estructurada la organizaci√≥n, nada de esto es realmente nuevo.

Hay momentos raros en que la edad y el envejecimiento entran en juego, precisamente porque, si bien la transición puede parecer abrupta para quienes están frente a las pantallas, para esos personajes es gradual y naturalizada. El contrapunto entre lo moderno y lo clásico existe más en el campo de los significados que en el ejercicio físico, y esto está claro en la forma rutinaria en que se presentan los nuevos miembros del elenco.

Por lo tanto, la temporada no pierde el tiempo explicando qui√©n es qui√©n y deja de contar c√≥mo la visi√≥n de cada uno de ellos ha cambiado (o no) a lo largo de los a√Īos a trav√©s de crisis familiares o pol√≠ticas. Estamos a mediados de la d√©cada de 1970, y Harold Wilson (Jason Watkins) entra en juego como el nuevo Primer Ministro, a la sombra de un supuesto ‚ÄúFantasma del comunismo‚ÄĚ que establece el tono de lo que est√° en juego en el campo pol√≠tico del Reino Unido con la relaci√≥n entre el Ministro y la Reina tomando el centro de las acciones para explicar nuevamente la extra√Īeza entre los dos campos.

Es un momento, después de todo, cuando toda la elegancia clásica y el desprendimiento de las figuras de la realeza ya no son elementos de gracia y se vuelven obsoletos frente a las políticas eternamente cambiantes y la evolución tecnológica natural, momentos en los que que la jerarquía inmutable del sistema monárquico ya no tiene sentido, si alguna vez lo hizo.

Es en este contexto que la tercera temporada de La corona Asume un lugar extremadamente transitorio, cuestionando el papel de la Corona y el exceso de reglas y tradiciones. Al mismo tiempo, la Reina absorbe el peso que impone su imagen y el hecho de que su papel es m√°s simb√≥lico que pr√°ctico. Ya sea en la yuxtaposici√≥n entre el modernismo de Margaret (interpretado para envidiar la fortaleza y la determinaci√≥n de Helena Bonham Carter) y el tradicionalismo de Elizabeth, en el conflicto psicol√≥gico de la Reina en el sorprendente episodio 3 (‚ÄúAberfan‚ÄĚ), en problemas financieros (episodio 4, ‚ÄúBubbikins ‚Äú) O en las imposiciones hechas al Pr√≠ncipe Carlos (Josh O‚ÄôConnor) sobre Gales o su relaci√≥n con Camilla (Emerald Fennell), el verdadero impacto de la Monarqu√≠a como s√≠mbolo de una estructura pol√≠tica y familiar tradicional est√°tica siempre est√° en cuestionamiento, siempre desafiado: ¬Ņpor qu√© son m√°s importantes que el resto del mundo? ¬ŅEllos son?

Por otro lado, a lo largo de los diez episodios hay un problema de ritmo que deteriora el sentido exacto de identidad que rodea un tema que le dio a la segunda temporada el mayor brillo. Cuando, como un solo producto, finalmente logra transmitir claramente el mensaje que ha apreciado desde el principio, gana impulso y avanza hacia un cuarto a√Īo en el que los cambios ya no ser√°n meras sugerencias, sino cuestiones de necesidad pr√°ctica.

En este sentido, la tercera temporada de La corona trabaja en la transici√≥n del simbolismo y cuestiona esta estructura tanto dentro de la pol√≠tica, como la importancia de la Corona para las relaciones entre el Reino Unido y los Estados Unidos o en Gales, o las consecuencias de esta estructura fija para la familia misma, especialmente en el embrollo Charles y Camilla y el paralelo representado en el episodio 8 (‚ÄúDanglin Man‚ÄĚ) con el duque de Windsor.

M√°s que nunca, la tercera temporada de La corona ve que mirar hacia el futuro no significa necesariamente negar el pasado, sino admitir que hay errores y √©xitos en ambos lados, y que hay una necesidad de di√°logo para que lo viejo d√© paso a lo nuevo, para comprender que estas sustituciones no rechazan lo que ya se ha hecho: solo muestran que es posible llegar a un lugar com√ļn.

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